7 may 2010
26 abr 2010
13 abr 2010
Un diario personal mediante fotografías
Un ejercicio para la asignatura Fotografía I. Se trata de contar cómo es tu día a día con fotos, utilizando como principal recurso expresivo la temperatura del color. La serie debe funcionar unida, en el orden establecido, no como un conjunto de fotos sueltas, aunque cada foto funcione y comunique también por sí misma.













11 abr 2010
De diseño de interiores
Este fue un proyecto de cuando estaba en Arte4. De primer curso. Consistía en diseñar un "pabellón-bar-café", para situarlo en un parque. Con un concepto escultórico y efímero, ya que se iba a utilizar sólo en verano. Fácilmente montable y desmontable, con acero como material principal. Para empezar a proyectar, partí de la idea de que pareciese como fabricado de una gigantesca lámina plegada. Muestro algunas de las maquetas de trabajo.
El espacio que finalmente propongo consiste en barra, un pequeño almacén, zona para las mesas que es como una terraza de verano que se une al parque, y aseos separados. Está pensado para funcionar en cualquier orientación espacial, se accede a él desde cualquiera de sus fachadas.
En el panel aparecen fotos de la maqueta, planos y algunos renders realizados con el autocad.
8 abr 2010
4 mar 2010
Sobre el valor económico del arte
¿Cuál es el precio del arte? Esta pregunta tiene una complicada respuesta.
Mi opinión es que el valor de un lienzo radica en su capacidad de sorprender, de ser admirado, de emocionar. Y en toda sociedad las emociones ante un producto varían constantemente, eso explica la existencia de las modas. Si miramos a mayor escala temporal, las emociones ante una pieza han podido variar a la vez que había cambios en la mentalidad colectiva. Hay multitud de cuadros que no fueron entendidos en su época por transgredir lo convencional y sin embargo ahora son muy valorados.
Desde que el arte existe como tal, incluso antes de que hubiese un mercado tan prolífero en torno a él, sabemos que su valor es relativo. Sobre todo cuando hablamos de arte emergente. Está muy condicionado por las modas, la cultura y la forma de pensar de una determinada época.
También hay que tener en cuenta que las masas son manipulables y que aunque la opinión pública no reconociera un estilo, el papel del marchante pudo ser fundamental. El marchante podía introducir las piezas en los círculos más extravagantes, cambiando así la visión popular. Hacía un papel de publicitario, como en un negocio de relaciones públicas. En el caso del cubismo, no se hubiese vendido tan bien la obra en aquella época sin la intervención de Khanweiler. Los comienzos siempre son difíciles, pero ayudaba el hecho de que aunque el público no entendiera la vanguardia completamente, el ser humano tiende a copiar al prójimo para no sentirse inferior. Acabó gustando, y mucho.
Posiblemente el valor relativo del arte es precisamente una cualidad intrínseca de éste. El arte es el reflejo de una sociedad, puede ser una crítica, un elogio o un acto de rebeldía, pero estará siempre ligado a ella. Para poder entenderlo debemos entender el contexto histórico y la vida del artista mínimamente.
Ahora emerge un arte cada vez más complicado de entender, y esto ha sucedido también a medida que ha ido creciendo el nivel cultural de la sociedad, a medida que se necesitamos explorar nuevos horizontes. Pero si pensamos en una obra de cualquier época podemos decir que la mayoría de la gente coincide en el juicio sobre si es bella y merece ser valorada. Por lo tanto el arte también tiene un componente de carácter universal e imperturbable. Eso es lo que lo convierte en un valor tan seguro.
Por último debo destacar que en todo este complicado mundo el papel del coleccionista es crucial. Es el círculo de coleccionistas el que pone el precio en cifras. Una vez más me remito a la condición humana para explicar este fenómeno: su afán es poseer algo bello y único. Cuando algo nos cautiva, puede llegar a ser motivo de obsesión y ¿por qué no pagar una gran suma por ello? Sobre todo si se tiene. Los que no la tenemos, pagamos por contemplar el arte unos momentos y lo recordamos toda la vida.
Cabría pensar si la vida del hombre sobre la Tierra no es sino coleccionar objetos, pensamientos, oficios, dolores y alegrías. Todo el mundo, en su medida, es coleccionista de algo. La elección del tipo de coleccionismo viene determinada por la afición, el desarrollo cultural de cada persona y también, por qué no, de su posición económica. Esto deja vía libre en el campo del arte a la poderosa ley de la oferta y la demanda, y en realidad así ha sido siempre.
Mi opinión es que el valor de un lienzo radica en su capacidad de sorprender, de ser admirado, de emocionar. Y en toda sociedad las emociones ante un producto varían constantemente, eso explica la existencia de las modas. Si miramos a mayor escala temporal, las emociones ante una pieza han podido variar a la vez que había cambios en la mentalidad colectiva. Hay multitud de cuadros que no fueron entendidos en su época por transgredir lo convencional y sin embargo ahora son muy valorados.
Desde que el arte existe como tal, incluso antes de que hubiese un mercado tan prolífero en torno a él, sabemos que su valor es relativo. Sobre todo cuando hablamos de arte emergente. Está muy condicionado por las modas, la cultura y la forma de pensar de una determinada época.
También hay que tener en cuenta que las masas son manipulables y que aunque la opinión pública no reconociera un estilo, el papel del marchante pudo ser fundamental. El marchante podía introducir las piezas en los círculos más extravagantes, cambiando así la visión popular. Hacía un papel de publicitario, como en un negocio de relaciones públicas. En el caso del cubismo, no se hubiese vendido tan bien la obra en aquella época sin la intervención de Khanweiler. Los comienzos siempre son difíciles, pero ayudaba el hecho de que aunque el público no entendiera la vanguardia completamente, el ser humano tiende a copiar al prójimo para no sentirse inferior. Acabó gustando, y mucho.
Posiblemente el valor relativo del arte es precisamente una cualidad intrínseca de éste. El arte es el reflejo de una sociedad, puede ser una crítica, un elogio o un acto de rebeldía, pero estará siempre ligado a ella. Para poder entenderlo debemos entender el contexto histórico y la vida del artista mínimamente.
Ahora emerge un arte cada vez más complicado de entender, y esto ha sucedido también a medida que ha ido creciendo el nivel cultural de la sociedad, a medida que se necesitamos explorar nuevos horizontes. Pero si pensamos en una obra de cualquier época podemos decir que la mayoría de la gente coincide en el juicio sobre si es bella y merece ser valorada. Por lo tanto el arte también tiene un componente de carácter universal e imperturbable. Eso es lo que lo convierte en un valor tan seguro.
Por último debo destacar que en todo este complicado mundo el papel del coleccionista es crucial. Es el círculo de coleccionistas el que pone el precio en cifras. Una vez más me remito a la condición humana para explicar este fenómeno: su afán es poseer algo bello y único. Cuando algo nos cautiva, puede llegar a ser motivo de obsesión y ¿por qué no pagar una gran suma por ello? Sobre todo si se tiene. Los que no la tenemos, pagamos por contemplar el arte unos momentos y lo recordamos toda la vida.
Cabría pensar si la vida del hombre sobre la Tierra no es sino coleccionar objetos, pensamientos, oficios, dolores y alegrías. Todo el mundo, en su medida, es coleccionista de algo. La elección del tipo de coleccionismo viene determinada por la afición, el desarrollo cultural de cada persona y también, por qué no, de su posición económica. Esto deja vía libre en el campo del arte a la poderosa ley de la oferta y la demanda, y en realidad así ha sido siempre.
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